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22 de enero de 2011

Magris: La sociedad de los ingratos

La "ingratitud" no surge tan solo de un rencoroso complejo de inferioridad, que induce a olvidar o a negar haber sido ayudado para no admitir esa superioridad del otro que fue capaz de ayudar.
Este es un tema que Claudio Magris trató en La Nación del 25 de abril del 2001. Voy a seguir los post anteriores ((ver))((ver))y haré una síntesis de un tema que me parece gráficamente extendido (...a quién no le ocurrió ser objeto de un ingrato?).

Afirma el A. "esa ingratitud es, quizás antes que nada, el resultado de un desenfrenado egocentrísmo, que lleva a cada uno a considerarse el centro del mundo y a considerar como algo debido, o un derecho adquirido, cada gesto generoso que se realice hacia él".
Hasta que alguien no nos distingue con particular atención o gentileza, no se nos ocurre esperarla o pretenderla, pero en cuanto recibimos un favor inesperado, lo consideramos un deber por parte de quien lo hace, y exigimos inconscientes -dice Magris- que lo convierta en una costumbre...
El mecanismo de la ingratitud hace difícil reconocer en su magnitud el valor de un gesto.
La capacidad de gratitud es señal de libertad. Esto si está acompañada por la serena consciencia de la ingratitud que tan a menudo sale al encuentro de hasta las mejores acciones. Es patético -afirma Magris- creer que al recoger las pretensiones de quien nos exige siempre más, obtendremos su simpatía. Todo lo contrario. Obtendremos sospechas cada vez más torvas, pretensiones cada vez más descaradas y acusaciones siempre exageradas de haber hecho muy poco... por ello:
Quien busca el diálogo y la aprobación a cualquier costo termina a menudo por recibir golpes de todos lados.

22 de noviembre de 2010

Magris leído al pasar

Preparando una tesina, recorriendo los pasillos intelectuales que propone Morello en su visión del proceso, alrededor del mundo y en los trajinados días argentinos (en "El derecho y nosotros", La Plata, 2000), encontré una referencia a Magris. Leído ocasionalmente y al pasar no deparé lo suficiente en él como para percatarme de la profundidad de su prosa. 

Hice un breve recorrido (me obligué, pues distraje tiempo precioso al análisis de las entelequias procesales) por las referencias de La Nación y di con trabajos tan breves como brillantes en la exposición de la "realidad".

Una síntesis personal ahora, para matizar, con promesa de mas.

En la nota publicada en "La Nación", el día 29 de diciembre de 1999, titulada: "¿Pero antes el futuro era mejor?", Claudio Magris dice:
"...la consciencia de que existen contradicciones en involuciones en la historia y el conocimiento desencantado del mal, de la oscuridad y de la podredumbre que anida en nuestro corazón -en todo corazón, aún en el más noble y puro, y en el corazón de toda la humanidad- son muy diferentes del desconocimiento vulgar y mezquino de la grandeza y del amor, que existen también en el hombre, y de su posibilidad de no ser esclavo..."
"...progreso, libertad, humanidad, resistencia a la tiranía suenan, a menudo, como una palabrería retórico..."
"...un verdadero iluminista, carente de ingenuidad y enfática pedantería, no puede ser sino pesimista, esto es, consciente de cuan frágil es la luz de la razón, expuesta interna y externamente a todas las distorciones, errores y desviaciones: una precaria llamita en la inmensa noche del infierno individual y de la historia colectiva. Y justamente por eso no es el caso apagarla, porque sin esa llamita no vemos nada, nos nos percatamos siquiera de la oscuridad de la noche..."