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8 de julio de 2013
8 de junio de 2012
Dinero, servicio público y Borges
El dinero convierte todas las riquezas en simples cantidades, facilitando por esta vía el tráfico jurídico... para una correcta medición se necesita que la medida de valor sea invariable... a lo largo del tiempo.
Veamos esquemáticamente el dinero, su función y depreciación desde lo clásico, un servicio público y el tiempo circular de Borges y Belgrano.
-1-
Lo clásico sobre el dinero:
Funciones económicas de la moneda:
- medida de valor de bienes y servicios.
- instrumento de cambio (poder de compra).
- unidad de cuenta.
- medio de ahorro.
Funciones jurídicas de la moneda:
- dinero constituye un medio de pago, un instrumento de cancelación de los créditos
- visión institucional: crédito-deuda-obligación-cumplimiento-responsabilidad, en la fórmula el dinero cumple una función "pro solvendo" o "pro soluto".
- para que cumpla tales roles el Estado le impone "curso forzoso", conlleva curso legal y efecto cancelatorio.
Clases de monedas:
- moneda metálica.
- moneda papel (título de crédito contra el Estado o una entidad bancaria autorizada).
- papel moneda (billete emitido por el Estado sin respaldo en oro o divisas extranjeras no convertible, dinero "fiduciario"; esto es, depende de la confianza pública).
- moneda electrónica (banca electrónica autorizada).
30 de noviembre de 2011
Ignorancia (consecuencias) = atrevimiento
Leído al pasar:
Afirmaba Jorge L. Borges que "la ignorancia siempre es atrevida".
Afirmaba Jorge L. Borges que "la ignorancia siempre es atrevida".
Esto me permite pensar que: el nivel de precaución es un indicio de diligencia.
Veámoslo, por ejemplo, y brevemente, desde esta cuestión: ¿el nivel de precaución adoptado por un usuario de la vía pública demuestra, en concreto, su "diligencia" en evitar daños?
Toda persona –en principio y en cuanto de ella dependa– tiene el deber de adoptar las medidas necesarias y útiles para evitar un daño no justificado.
Ahora, si esa persona, según las pautas del art. 512 del Código Civil [1], ha omitido las "diligencias" que exigía la "naturaleza de la obligación", y que debía adoptar conforme "a las circunstancias de las persona, del tiempo y del lugar", entonces, esa persona ha sido negligente [2]. Esto es independiente de la responsabilidad objetiva estricta.
Dicho de otra manera: el deber de respetar los derechos y libertades de los demás no se agota en la mera abstención de ejecutar una voluntad dañina, sino que se extiende al deber de guardar cierto cuidado o prudencia en los comportamientos para evitar la expansión innecesaria del riesgo al que, con nuestros actos o cosas, exponemos a las demás personas [3].
Desde este punto de vista, si se atiende a la previsibilidad, el cuidado y la prudencia esperable en los comportamientos de los usuarios de la vía pública, en contraposición con la conducta desplegada en concreto, pueden evaluarse –por ejemplo– las responsabilidades concurrentes de los accidentes de tránsito.
Volviendo al principio.
Si quien se conduce en sociedad "ignora" (culposa o dolosamente) las consecuencias posibles de sus actos (carece de "urbanidad" o "don de buena gente"), a no dudar que su conducta será "atrevida"... (temerario, negligente, imprudente, imperito), y ello quedará manifiesto en cada hecho...
En general los atrevidos "tienden a" ignorar las reglas sociales y se encargan de mostrarlo con cada acto que perpetran... sobre todo si consideran que con ello obtienen un "beneficio" sin "costos"...
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[1] La Corte Suprema indica que "la responsabilidad sólo puede surgir de una adecuada valoración del reproche de las conductas en orden a la previsibilidad de las consecuencias" (in re "Giménez" de 1996, Fallos 319:2511)
[2] En este sentido, es interesante tener presente el desarrollo de la fórmula de Learned-Hand sobre negligencia que se sugiere entre-líneas y aparece como un condicionante implícito de la responsabilidad. Así, alguien será negligente cuando el "gasto" que realiza en prevención es menor que el costo del daño previsto, en función de la probabilidad de que el mismo ocurra efectivamente. Sobre esto, sin perjuicio de otros: SHÄFER, Hans-Bernd – OTT, Clauss, "Manual de análisis económico del derecho", Madrid, 1991, p. 109.
[3] Idea que surge del razonamiento formulado por la Dra. Argibay, en rigor para una cuestión laboral, en la causa "Timoteo Díaz" de 2006 (Fallos 329:473, Consid. 10, párr. 2º).
add extra:
También leído al pasar:
- ...a mayor lejanía con los hechos concretos, mayor radicalidad de las propuestas... a mayor cercanía con las responsabilidades consecuentes de esos hechos, mayor coherencia y razonabilidad de las proposiciones, pues es muy probable que deban llevarse a la práctica...
- en suma: si no se responde por las propuestas realizadas, a no dudar que se propondrán locuras...
14 de junio de 2011
Borges: 25 años no son nada
Las crónicas reseñan efemérides ((ver)) y cuentan que un día como hoy, hace 25 años, culminaba la irrepetible mortalidad de Jorge Luis Borges.
Distintos medios reflejaron la "noticia", así, por ejemplo, el portal "argentina.ar" ((ver)) y también La Nación ((ver)), Clarín ((ver)), Perfíl ((ver)). Todas tienen un punto en común, como en "El Aleph", concentran en la sola expresión "Borges" toda su obra. Son más que seis letras que definen un estilo contemporáneo inigualable.
En lo personal me gustó el análisis que realizó Guillermo Martínez en "La fórmula de la inmortalidad" (Buenos Aires, 2005). Allí, en el breviario dedicado a "Los juicios de los tiempos" de pág. 13 y sig., expresa el autor:
"También Borges acepta al tiempo como supremo antólogo: «Podemos conocer a los antiguos, podemos conocer a los clásicos, podemos conocer a los escritores del siglo XIX y a los del principio de nuestro, que ya declina. Harto más arduo es conocer a los contemporáneos. Son demasiados y el tiempo no ha revelado aún su antología»".
Y Martínez da su explicación al respecto:
Los juicios del tiempo son los juicios de la posteridad, no son, después de todo, sino los juicios de otros hombres del tiempo por venir. Tener fe en los juicios del tiempo –agrega Martínez– requiere implícitamente de una segunda fe, mucho más dudosa: la de suponer que los hombres del futuro serán de alguna forma mejores, o más ecuánimes, o más sabios...
...que tendrán balanzas de mayor precisión y podrán revisarlo todo, sopesarlo todo, comprenderlo todo. Que entenderán más y no cometerán arbitrariedades ni olvidos ni errores...
Pero del mismo modo –cierra Martínez– podría ocurrir que entendieran menos. Los tiempos por venir, presiente y declara su personaje, pueden ser todavía mucho más sordos y ciegos...
Las palabras de Borges sobre los libros clásicos ("Obras completas", Buenos Aires, T. II, p. 182) cierran el círculo de esta breve reflexión. Expresa que "clásico... no es un libro que necesariamente posee tales o cuales méritos; es un libro que las generaciones de los hombres, urgidas por diversas razones, leen con previo fervor y con misteriosa lealtad".
Como sea, y parafraseando a Borges en "Eternidades" ("Obras" cit., T. II, p. 538), si "sólo perduran en el tiempo las cosas que no fueron del tiempo...", ¿quién puede dar la talla de un hombre que transmutó su vigencia presente con el pasado y con el futuro? Borges es clásico porque no era de su tiempo sino de todos. Esto se ratifica con la emoción, tal la advertencia, que fluye de los lectores anónimos.
Curiosidades también sobre Borges.
Hay un libro escrito desde el derecho, por Eduardo García de Enterría, catedrático español de Derecho Administrativo, dedicado a Borges, titulado "La poesía de Borges y otros ensayos" (Madrid, 1992). También hay críticas. Por ejemplo, la de Mario Bunge en su libro "100 ideas" (Buenos Aires, 2010) que, en pág. 33, expresa que "Borges me asombra, interesa y admira, pero no me emociona..."; dice que su obra "no conmueve". Habría muchas más referencias para hacer. No puedo abarcarlas a todas. Excede mi capacidad. Sólo sé que leo al Borges que alimenta mi pequeña biblioteca y cada vez me emociona...
Semblanza de "Borges" según Borges ("Obras", cit., T. III, p. 134).
Mis libros (que no saben que yo existo)
son parte de mi como este rostro
de sienes grises y de grises ojos
que vanamente busco en los cristales
y que recorro con la mano cóncava.
No sin alguna lógica amargura
pienso que las palabras esenciales
que me expresan están en esas hojas
que no saben quién soy, no en las que he escrito.
Mejor así. Las voces de los muertos me dirán para siempre.
Borges: 25 años no son nada...!!
5 de febrero de 2011
Borges: Sobre los clásicos laberintos
Primeras reflexiones:
Sigo. Avanzo hacia el principio. Ahora sé que el libro donde leo sobre laberintos es "Elogio de la Sombra", escrito en 1969. Lindo año. Mejor libro.Quiero leer a Borges. Elijo uno de los cuatro libros, el que está puesto al revés en la biblioteca llama mi atención. Es el tomo II. Empiezo desde atrás, voy pasando las hojas. Leo al azar. Llego a la página 416 y leo: "Laberinto"... «No habrá nunca una puerta...» y pienso: alguna vez escuché una conferencia de derecho en la que afirmaban que, en el laberinto, la forma de "salir" es por arriba o desde arriba...No sé si es así. Borges, con su estética, indica otra cosa sobre el hombre, su destino y la justicia (¿o injusticia?) atroz de la realidad que, con sus mil formas y posibilidades laberínticas, no tiene una salida como tal. Miro el texto de la página 417 y leo otra vez: "El laberinto"... donde dice: «He olvidado los hombres que antes fui; sigo el odiado camino de monótonas paredes que es mi destino...». Plantea paradojas invocando «Rectas galerías que se curvan en círculos secretos al cabo de los años...».
Moneda Homenaje a Borges (1999)
Recuerdo, la comparación es inevitable: "Elogio de la locura" de Erasmo, "Elogio de la culpa" de Aguinis. Hay otro libro más sobre el "Elogio", que aún no he leído. También es de Aguinis.
Sigo. Avanzo. Llego a la página 182, "Sobre los clásicos". Leo la pregunta del segundo párrafo: «¿Qué es, ahora, un libro clásico?» Y Borges, para responderse, sentencia: "...a mi edad, las coincidencias o novedades, importan menos que lo que uno cree verdadero". ¿Cuál es, entonces, su respuesta? Una síntesis de su pensamiento es el objeto, finalmente, de este minipost.
- Elemento: Primer estímulo: la "Historia de la literatura china" de Herbert Giles. Su referencia: el "Libro de los cambios" ((ver)).
- Afirmación: Dice Borges que deliberadamente eligió un "texto extremo", porque "su lectura reclama un acto de fe".
- Definición: Clásico es aquél libro que una nación o un grupo de naciones a lo largo del tiempo han decidido leer como si en sus páginas todo fuera deliberado, fatal, profundo como el cosmos y capaz de interpretaciones sin términos.
- Justificación: Borges enlaza los siguientes razonamientos:
- hay libros que prometen una larga inmortalidad, pero nada sabemos del porvenir, salvo que diferirá del presente
- si el tiempo depara largo tiempo de estudio de un lenguaje (por ejemplo: malayo o húngaro, según los invoca el autor), se encontraría en él todos los alimentos que requiere el espíritu.
- la gloria de un poeta depende de la excitación o de la apatía de las generaciones de hombres anónimos que la ponen a prueba, en la soledad de sus bibliotecas.
- las emociones que la literatura suscita son -quizás- eternas, pero los medios deben constantemente variar, siquiera de modo levísimo para no perder su virtud.
> los "recursos" literarios se "gastan" (dice Borges) a medida que los reconoce el lector... de allí el peligro de "afirmar" que existen obras clásicas y que lo serán para siempre... sin embargo, creo que el áurea de lo "clásico" le da al texto un valor agregado: el placer de recrear las emociones que, tanto la estética abstracta de su expresión como su lectura concreta, garantizan... distintas según el momento o la necesidad del lector.
- Síntesis: Clásico es un libro que las generaciones de los hombres, urgidas por diversas razones, leen con previo fervor y con una misteriosa lealtad.
Los libros de Borges en este sentido, creo, son clásicos. ¿Verdad?Ver, también en reflexiones desde el derecho: "Borges: La muralla y los libros para creer".
28 de agosto de 2010
Borges: La muralla y los libros para creer
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| Jorge L. Borges |
Las "Obras
Completas" de Jorge Luis Borges ((ver)) están publicadas en cuatro volúmenes.
Esto es un testimonio. Como lo es indicar cuantas hojas o capítulos componen su
finita extensión.
La lectura directa
de sus escritos, sin embargo, puede dejar impresiones muy dispares y de
extensiones insospechadas. Dependen, en mucho, del ánimo con que se avanza por
los laberintos intelectuales que su pluma propone.
Certeza y
expectativa. Es "Borges", sí, pero tengo para mí –y creo que puede
compartirse– que tras su nombre se descubre belleza en la figuras que emplea;
información en los datos que trasunta y un prístino y ocurrente razonamiento
consecuente. Sin dudas se avizora profundidad en las reflexiones, pero también
preguntas y más expectativas. ¿Sorpresa? Sí, basta empezar a leer para rendirse
al impulso de ir hasta el párrafo final sin trashojar.
No es objeto de la
presente aproximación el exhaustivo repertorio de sus logros, sino brindar
impresiones, pinceladas subjetivas, quizás tan generales como azarosas.
En concreto no hay
"una" línea, hay muchas para seguir. Poesía y ensayos, cuentos y
relatos, conferencias y prólogos. Enumeración. Uno de sus recursos.
Seguramente hay
más, mejores explicaciones de lo que Borges representó y representa. Este
esquicio, breve, sucinto, es, se insiste, una descripción personal y limitada sobre la estrella en el
firmamento de las palabras argentinas.
Veamos un ejemplo
sobre la muralla y los libros. Debe tenerse presente que tal es el título con
que Borges inaugura el libro "Otras inquisiciones" (1952), integrado
al tomo II de las citadas "Obras Completas".
Y Borges
dice:
"Leí, días pasados, que el hombre que ordenó la edificación de la casi infinita muralla china fue el primer Emperador, Shih Huang Ti, que asimismo dispuso que se quemaran todos los libros anteriores a él. Que las dos vastas operaciones -las quinientas o sescientas leguas de piedra opuestas a los bárbaros, la rigurosa abolición de su historia, es decir del pasado- procedieran de la misma persona y fueran de algún modo sus atributos, inexplicablemente me satisfizo y, a la vez, me inquietó... Históricamente -agrega- no hay misterio en las dos medidas. Contemporáneo de las guerras de Anibal, Shih Huang Ti, rey de Tsin, redujo a su poder los Seis Reinos y borró el sistema feudal; erigió una muralla, porque las murallas eran defensas; quemó los libros, porque la oposición los invocaba para alabar a los antiguos emperadores. Quemar libros y erigir fortificaciones -concluye- es tarea común de los príncipes; lo único singular en Shih Huang Ti fue la escala en que obró..."
Luego formula el
ensayo de explicación de esos hechos, del que tomaré algunas frases necesarias:
· todas las cosas
quieren persistir en su ser.
· el emperador
destruyó los libros por entender que eran libros sagrados, o sea libros que
enseñan lo que enseña el universo entero o la conciencia de cada hombre.
· su virtud puede
estar en la oposición de destruir y construir, en enorme escala.
· todas las formas
tienen su virtud en sí mismas y no en su "contenido" conjetural.
Y cierra y rubrica
con estas reflexiones:
"…todas las artes aspiran a la condición de la música, que no es otra cosa que forma. La música, los estados de felicidad, la mitología, las caras trabajadas por el tiempo, ciertos crepúsculos y ciertos lugares, quieren decirnos algo, o algo dijeron que no hubiéramos debido perder, o están por decir algo; esta inminencia de una revelación, que no se produce, es, quizá, el hecho estético"
Ahora pienso, trato de olvidar las
diferencias, y generalizo. Persistir, destruir, construir, enseñar; conciencia,
virtud y conjetura, ¿qué quiere (puede) decirnos Borges con esta relación? Me
parece que el hecho estético, la apreciación de la belleza de algo, si cabe,
debe buscarse en el contenido conjetural de las formas, en lo que creemos que
es o puede ser.
Cambio el orden: destruir, construir, conciencia,
persistir, conjetura, enseñar y virtud. Y encuentro un mensaje oculto. Creo,
quiero creer, que Borges a su modo nos revela el ciclo de la vida; desde la
virtud de las formas, nos enseña lo que es o puede ser la sustancia...
Pongámoslo de esta manera: destruir la soledad hasta construir la unidad, consciente de las promesas compartidas y sin buscar soluciones a la continuidad. Puede decirse que sólo valorando estos acontecimientos creo –quiero creer– que se impone la virtud.
Ver, también en reflexiones desde el derecho: "Borges: Sobre los clásicos laberintos".
Ver, también en reflexiones desde el derecho: "Borges: Sobre los clásicos laberintos".
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