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31 de octubre de 2023

Ihering = luchar por el derecho

Ihering, Rudolf v., "La lucha por el derecho", Dykinson, 2018, pp. 67-69. 

"Cuando la arbitrariedad y la ilegalidad ((ver)) osan levantar su cabeza con descaro e impudicia, ello suele ser siempre un signo de que los que estaban llamados a defender la ley no cumplieron con su deber." ((ver))((ver))

"Pero ocurre que en el derecho privado todos se encuentran en sus puestos para defenderla, porque todos son  guardianes y ejecutores de la ley dentro de su esfera. El derecho concreto que poseen no es más que un poder que les otorga el Estado para, por su propio interés, entrar en la lid en nombre de la ley y resistirse contra la injusticia; es un poder especial y limitado, al contrario que el del funcionario público, que es general e ilimitado. Así pues, al defender su derecho personal en el pequeño espacio en que lo ejerce, el hombre está luchando por el derecho en su totalidad. Por ello, el interés y las demás consecuencias de su acción se extienden mucho más allá de su persona..." ((ver))

"En un estado de cosas semejante, el destino de los que tienen el valor de hacer observar la ley se torna un verdadero martirio: su sentimiento firme y enérgico del derecho labra ciertamente su desgracia. Abandonados de todos aquellos que debieran ser sus naturales aliados, quedan completamente solos frente a una arbitrariedad ((ver)) alimentada por la apatía y la cobardía de los demás, y si se niegan, en fin, a comprar al precio de grandes sacrificios la satisfacción de permanecer fieles a su modo de obrar y de pensar, no recogen acaso más que las burlas y el ridículo. En tales casos, la responsabilidad no recae principalmente sobre quienes transgreden la ley, sino sobre quienes no tienen el valor de defenderla."

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Opinión: cuando se defiende el interés individual se protege el interés general, pero no siempre vale el recíproco ((ver))((ver)); pues, muchas veces, y evidencias sobran, se invocan intereses generales (que solapan pretensiones colectivas), emergencia mediante ((ver)), sólo para "manipular" (sino abrogar o subvertir) derechos y garantías individuales...((ver)); dicho muy de otra manera: si el todo es la suma de sus partes, primero es necesario que existan partes...((ver)): mal resultado, pues, su negación ((ver)).


8 de agosto de 2014

Reflexiones desde el lugar menos pensado

En el libro "Fundación y Tierra" (Ed. Buenos Aires, 2010, pp. 93-94) de Isaac Asimov ((ver))((ver)), se plantea un contrapunto entre dos de sus protagonistas, acerca de las concepciones posibles sobre las leyes, su cumplimiento y las sociedades consecuentes.

Me parece un aporte interesante (desde el lugar menos pensado) para la reflexión, que, como tal, queda abierta a los lectores.

Plantea "Bliss" la cuestión en los siguientes términos:
"Si sólo cumplimos las reglas que suponemos justas y razonable, ninguna de ellas podrá sostenerse, pues siempre habrá alguien que la considerará injusta e ilógica. Y si queremos favorecer a nuestros intereses individuales, tal como los vemos, encontraremos alguna razón para creer que la norma que nos molesta no es justa ni razonable. Así, lo que empieza como una jugarreta astuta  ((ver)) conduce a la anarquía y al caos, incluso contra el autor de aquélla, ya que tampoco él podrá sobrevivir al derrumbamiento de la sociedad.."
Contesta "Trevize" como sigue:
"Las normas, establecidas con razón y con justicia, pueden dejar de ser útiles al cambiar las circunstancias, pero al permitir que continúen vigente por la fuerza de la inercia, entonces, no sólo es justo, sino también útil, quebrantar aquellas que nos anuncian el hecho de que son inútiles, o incluso realmente perjudiciales..."
Replica "Bliss":
"En ese caso, cualquier ladrón o asesino podría afirmar que está sirviendo a la Humanidad"
Contesta "Trevize":
"Exageras. En el superorganismo de Gaia, existe un consenso automático sobre las normas de la sociedad, y a nadie se le ocurre quebrantarlas. En este sentido, podríamos decir que Gaia vegeta y se fosiliza. En una asociación libre, sabido es que siempre hay un elemento de desorden, pero ése es el precio que se debe pagar por la capacidad de fomentar la novedad y el cambio. En general, es un precio razonable... En los mundos libres, incluso cuando casi todos están de acuerdo, hay unos pocos que discrepan y, en algunos casos, esos pocos pueden tener razón, y si son lo bastante inteligentes, entusiastas y justos, acabarán triunfando y pasarán a ser considerados héroes en las edades futuras..."
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Me parece que el contrapunto puede plantearse como sigue: 
  1. la interdicción de la anarquía y el caos, en una sociedad, depende del cumplimiento de las leyes por todos los habitantes, más allá de sus propios intereses individiduales; 
  2. esa sociedad puede caracterizarse como una asociación colectivista, que promueve un "status quo", o como un asociación liberal, con previsión de divergentes minoritarios ((ver)) que promueven la actualización social ((ver)), y que sólo son reconocidos como tales por generaciones no contemporáneas...